domingo, 23 de agosto de 2026

Farmear aura: qué significa y por qué esta extraña moda juvenil tiene algo bueno

Dos adolescentes se colocan frente a frente en una plaza. No discuten, no se empujan y tampoco intercambian golpes. Uno hace una pose exagerada, el otro responde con una mirada intensa. Después aparecen pasos de baile, gestos sacados de memes y movimientos que parecen no tener ningún sentido para los adultos.

A su alrededor, decenas de jóvenes observan, ríen, graban y deciden quién ha demostrado tener más “aura”.

A primera vista, las llamadas batallas de aura pueden parecer otra moda absurda nacida en TikTok. Sin embargo, detrás de esos pocos segundos de actuación está ocurriendo algo que llevamos años pidiendo a los adolescentes: están saliendo de sus casas, encontrándose con personas de su edad y ocupando nuevamente las plazas.

Quizás lo más interesante de esta tendencia no sea descubrir quién tiene más aura, sino entender por qué los jóvenes sienten tantas ganas de reunirse para demostrarla.

Farmear aura: qué significa y por qué esta extraña moda juvenil tiene algo bueno

¿Qué significa farmear aura?

“Farmear aura” significa realizar acciones que hagan que una persona parezca segura, carismática, interesante o con mucho estilo. En otras palabras, consiste en intentar acumular puntos imaginarios de presencia personal.

Dentro del lenguaje de internet, tener “aura” no se refiere a una energía espiritual que rodea el cuerpo. La palabra se utiliza para hablar de esa cualidad difícil de explicar que poseen algunas personas capaces de llamar la atención sin hacer demasiado esfuerzo.

Un adolescente que entra tranquilamente en una habitación y consigue que todos lo miren puede estar “ganando aura”. Lo mismo sucede con alguien que realiza un movimiento difícil con naturalidad, responde de manera ingeniosa o mantiene la calma en un momento incómodo.

Los puntos, por supuesto, no existen. Nadie lleva una cuenta oficial. Los jóvenes pueden decir que una acción suma 1.000 puntos de aura y que tropezarse después de intentar impresionar a los demás resta 10.000. Las cantidades son exageradas porque forman parte de la broma.

Además, existe una contradicción divertida: esforzarse demasiado por parecer interesante puede hacer que una persona pierda aura. La clave está en actuar como si todo ocurriera sin esfuerzo, aunque la pose se haya practicado muchas veces frente al espejo.

¿De dónde sale la palabra “farmear”?

El verbo “farmear” viene del inglés farm y se popularizó dentro del mundo de los videojuegos. Los jugadores lo utilizan cuando deben repetir una misma acción para conseguir experiencia, monedas, armas, materiales u otros recursos.

Por ejemplo, un jugador puede derrotar muchas veces al mismo enemigo para reunir los objetos que necesita. Está “farmeando” recursos.

Internet trasladó esa lógica a la vida cotidiana. Si en un videojuego es posible repetir acciones para acumular monedas, también se puede bromear con la idea de repetir poses, gestos o movimientos para acumular carisma.

Así nació la expresión “farmear aura”: comportarse de determinada manera para sumar puntos imaginarios de estilo y reconocimiento social.

¿Cuándo nació la moda de farmear aura?

No existe una única persona que pueda considerarse creadora de la expresión. El uso moderno de “aura” comenzó a extenderse en internet durante los primeros años de la década de 2020, especialmente en publicaciones sobre deportistas, artistas y personajes de ficción con una presencia llamativa.

A comienzos de 2024 ya aparecían videos en TikTok que utilizaban la expresión aura farming. Meses después se popularizaron los “puntos de aura”, una forma humorística de calificar situaciones cotidianas. Hacer algo impresionante sumaba puntos; pasar vergüenza o intentar llamar demasiado la atención los restaba.

La tendencia alcanzó una nueva dimensión en 2025 gracias a Rayyan Arkan Dikha, un niño indonesio que apareció bailando sobre la parte delantera de una embarcación durante una carrera tradicional conocida como Pacu Jalur.

Mientras decenas de personas remaban, Rayyan realizaba movimientos tranquilos con gafas de sol y una seguridad sorprendente. Mantener el equilibrio ya era difícil, pero él lo hacía parecer sencillo. Internet encontró en aquel niño la representación perfecta de alguien que estaba “farmeando aura”.

Rayyan no inventó el término, pero su baile ayudó a que millones de personas entendieran el concepto. Deportistas, celebridades y usuarios de distintos países comenzaron a imitar sus movimientos.

¿Qué son las batallas de aura?

En 2026, la tendencia salió de las pantallas y llegó a plazas, parques y otros espacios públicos de diferentes ciudades latinoamericanas.

En una batalla de aura, dos participantes se colocan frente a frente y realizan breves intervenciones. Pueden utilizar poses, caminatas, pasos de baile, miradas, expresiones faciales, celebraciones deportivas o referencias a personajes y memes populares.

No hay contacto físico y tampoco existe un reglamento universal. En algunos encuentros gana quien consigue la reacción más fuerte del público. En otros, los organizadores o un pequeño jurado eligen a la persona con mayor creatividad, seguridad y carisma.

Las batallas duran poco porque reproducen el ritmo de los videos cortos. Cada participante dispone de unos segundos para sorprender a los presentes antes de que llegue la respuesta de su rival.

El resultado puede parecer extraño para quien desconoce los memes utilizados. Para los jóvenes que comparten ese lenguaje, en cambio, cada gesto funciona como una referencia que todos reconocen.

¿Es solamente una pérdida de tiempo?

Cuando aparece una moda juvenil, muchos adultos reaccionan con una frase conocida: “Ojalá hicieran algo de provecho”.

Estudiar, trabajar, practicar un deporte y aprender cosas nuevas son actividades importantes. Pero no todas las horas del día necesitan producir un resultado que pueda medirse.

El ocio también forma parte de una vida saludable. Jugar, reírse y compartir momentos aparentemente inútiles permite descansar de las obligaciones y fortalecer los vínculos. Una tarde no pierde su valor porque no haya terminado con una tarea completada, una habilidad certificada o una buena calificación.

Algo parecido ocurre con otras actividades infantiles y juveniles. Como sucede al coleccionar figuritas del Mundial, detrás de un pasatiempo sencillo pueden aparecer conversaciones, acuerdos, emociones, recuerdos y nuevas amistades.

Farmear aura probablemente no mejorará las notas escolares de un adolescente. Tampoco resolverá los problemas de aislamiento juvenil. Pero puede ofrecerle una razón para salir, moverse, expresarse y encontrarse con otros.

Y eso ya tiene valor.

Internet no desapareció: llegó hasta la plaza

Sería exagerado afirmar que las batallas de aura están consiguiendo que los jóvenes abandonen sus teléfonos. Los celulares continúan presentes durante toda la actividad.

Los participantes descubren las convocatorias en redes sociales, practican movimientos vistos en TikTok, graban los enfrentamientos y publican los resultados. Internet sigue siendo una parte central de la experiencia.

La diferencia es que la pantalla ya no actúa únicamente como un espacio de consumo individual. También se convierte en el punto de partida para un encuentro presencial.

Los adolescentes no están dejando internet en casa. Están llevando sus códigos, bromas y referencias digitales hasta la plaza.

Después de tantos discursos sobre jóvenes encerrados y aislados detrás de una pantalla, resulta contradictorio criticarlos cuando utilizan esas mismas redes para reunirse. La tecnología puede aislar, pero también puede conectar. Lo importante es observar cómo se utiliza y qué sucede alrededor de ella.

Lo que estas batallas pueden aportar a los jóvenes

Una batalla de aura pone en juego la expresión corporal, la creatividad y la improvisación. Para participar, hay que presentarse frente a otras personas, soportar las miradas y aceptar que la reacción del público no siempre será la esperada.

También existe un fuerte componente de humor. Muchos movimientos funcionan porque todos entienden que la situación es exagerada y un poco ridícula. Reírse juntos ayuda a crear complicidad y sentido de pertenencia.

Los espacios públicos también cumplen una función importante. Cuando los jóvenes se encuentran en una plaza, dejan de verla como un simple lugar de paso. La convierten en un escenario compartido y comienzan a sentirse parte del lugar donde viven.

No significa que cada batalla produzca automáticamente todos estos beneficios. Algunos jóvenes participarán activamente, otros se limitarán a mirar y muchos estarán más interesados en conseguir un video viral. Aun así, reducir todo a una “tontería de internet” impide ver lo que realmente está pasando.

Acompañar la moda sin ignorar los riesgos

Aceptar que se trata de un juego no significa dejar de prestar atención. Como cualquier actividad organizada mediante redes sociales, las batallas de aura pueden presentar riesgos.

Las familias deberían conocer el lugar y el horario del encuentro, especialmente cuando participan menores. También conviene hablar sobre la publicación de imágenes, porque no todas las personas desean aparecer en un video que puede circular fuera de su control.

Una broma presencial puede transformarse en burlas, comentarios crueles o acoso cuando llega a internet. Por eso es importante acordar límites: no grabar a alguien sin permiso, no humillar a los participantes, no realizar movimientos peligrosos y pedir ayuda si una situación deja de ser divertida.

La mejor conversación no comienza con “eso es una estupidez”, sino con curiosidad. Preguntar cómo funciona la batalla, quiénes asistirán o qué movimiento piensa utilizar el adolescente permite conocer su mundo sin invadirlo.

Cuando los padres ridiculizan cada tendencia que no comprenden, los hijos aprenden a ocultar lo que hacen. Cuando preguntan sin burlarse, mantienen abierta una puerta que puede ser muy valiosa si algún día aparece un problema real.

Cada generación ha tenido sus propias formas de reunirse

Antes de las batallas de aura existieron otras modas que desconcertaron a los adultos. Hubo bailes, juegos callejeros, tribus urbanas, estilos musicales y formas de vestir que parecían incomprensibles en su momento.

Muchas desaparecieron rápidamente. Otras terminaron convertidas en recuerdos queridos por quienes participaron en ellas.

Es probable que dentro de algunos años nadie organice torneos para farmear aura. Surgirá otra palabra, otro baile y otra tendencia que volverá a provocar la misma pregunta: “¿Qué están haciendo estos jóvenes?”.

La respuesta, en este caso, es bastante sencilla.

Están jugando. Están riéndose. Están probando quiénes quieren ser y buscando un lugar dentro de su grupo. Están convirtiendo los memes que ven en el teléfono en una experiencia compartida.

No todo juego necesita enseñar una lección. No todo encuentro debe ser productivo. No toda tarde tiene que servir para preparar el futuro.

A veces, ser joven consiste precisamente en hacer algo absurdo con amigos y recordarlo con cariño años después.

Así que sí: mientras exista respeto, consentimiento y un entorno seguro, déjalos farmear aura.