sábado, 31 de octubre de 2026

El peluquero que se acostó en el suelo para cortarle el pelo a un niño con autismo

Un niño acostado en el suelo de una barbería. A su lado, un peluquero en la misma posición, concentrado en terminar el corte. La fotografía recorrió las redes sociales en 2017, pero lo más valioso de aquella escena estaba en algo que la imagen apenas permitía adivinar: la confianza que habían construido para llegar hasta ese momento.

El niño era Wyatt Lafrenière, de seis años. El adulto, Francis “Franz” Jacob, un barbero de Rouyn-Noranda, en Quebec, Canadá. Su historia invita a mirar de otra manera situaciones cotidianas que, para algunos niños, pueden resultar difíciles. También deja una pregunta para quienes acompañamos a la infancia: ¿qué podemos cambiar nosotros para que un niño se sienta más cómodo y seguro?

Esta historia tan conmovedora nos recuerda a la historia de Marc Cucurella y su hijo autista que escribimos en nuestro blog.

El peluquero que se acostó en el suelo para cortarle el pelo a un niño con autismo

La historia de Franz y Wyatt: un corte de pelo a su propio ritmo

Para Wyatt, ir a cortarse el pelo suponía enfrentarse a sensaciones difíciles de tolerar. Su mamá, Fauve Lafrenière, explicó que tenía autismo y una gran sensibilidad al sonido y al tacto. Que le tocaran el cabello y escuchar determinados ruidos podía resultarle abrumador.

Encontrar un profesional dispuesto a atenderlo había sido complicado. Cuando Fauve conoció a Franz y le contó lo que ocurría, él los invitó a su barbería. Allí comenzaron a construir una relación que permitió adaptar las visitas a las necesidades de Wyatt.

El barbero compró una máquina inalámbrica para tener más libertad de movimiento cuando el niño cambiaba de lugar. Y cuando Wyatt se acostó en el suelo, Franz se acomodó junto a él para continuar el trabajo. Aquella adaptación quedó registrada en la fotografía que se hizo conocida en todo el mundo.

La escena llama la atención porque rompe con la imagen habitual de una peluquería: un cliente sentado, una capa sobre los hombros y un profesional trabajando de pie. En esta ocasión, el servicio encontró otra forma de hacerse.

El tiempo también era parte del cuidado

Las visitas de Wyatt podían durar alrededor de 90 minutos e incluir momentos de juego antes del corte. Franz explicaba que necesitaba paciencia y que eran sus clientes quienes marcaban el ritmo de esas sesiones.

Esa disposición también aparecía en otros aspectos de su trabajo. Atendía gratuitamente a personas con enfermedades terminales y procuraba reservar momentos al final de la jornada para quienes necesitaban más tiempo.

Para una familia, saber que existe ese margen puede cambiar la experiencia de una salida. Permite conversar sobre las necesidades del niño, hacer una pausa y evitar que cada minuto se convierta en una carrera por terminar.

La historia muestra algo concreto: la accesibilidad también puede depender de cómo se organiza una cita, de cuánto se escucha a una familia y de la flexibilidad para modificar una rutina.

Por qué cortarse el pelo puede ser difícil para algunos niños con autismo

Una peluquería reúne muchos estímulos al mismo tiempo. Hay conversaciones, secadores, máquinas, olores y personas que se acercan a la cabeza y al rostro. Durante el corte también aparecen sensaciones como el cabello cayendo sobre la piel o una capa alrededor del cuello.

Para algunos niños con diferencias sensoriales, esa combinación puede resultar muy incómoda. Además, se les pide permanecer quietos mientras otra persona utiliza herramientas cerca de sus orejas y sus ojos.

Las experiencias varían entre personas. Un sonido que alguien apenas registra puede generar un malestar intenso en otra persona. Las sensibilidades también pueden cambiar según el entorno y el momento. Por eso, observar y escuchar al niño es más útil que dar por hecho lo que debería tolerar.

En el caso de Wyatt, su madre había identificado dificultades relacionadas con el sonido y el contacto. Esa información ayudaba a entender qué estaba ocurriendo durante las visitas.

Cómo preparar una visita a la peluquería con más calma

La experiencia de Franz y Wyatt puede inspirar a otras familias, aunque cada niño necesitará sus propias adaptaciones. El objetivo es encontrar una manera de acompañarlo que respete sus señales y permita trabajar con seguridad.

Conocer el lugar antes del corte

Una visita breve para mirar el local puede ayudar a familiarizarse con el ambiente. También se pueden utilizar fotografías del espacio o un video del profesional presentándose.

Otra posibilidad es acompañar a un familiar que vaya a cortarse el pelo, siempre que esa visita resulte tolerable para el niño. Así puede observar lo que ocurre sin tener que participar de inmediato.

Compartir información con el profesional

Antes de reservar, conviene explicar qué suele resultar difícil y qué ha ayudado en experiencias anteriores. Por ejemplo, si el ruido de la máquina genera malestar, si necesita que le anticipen cada paso o si prefiere que hable una sola persona.

Elegir un horario adecuado y llevar un objeto familiar también son opciones para preparar la cita. Lo útil dependerá de las preferencias de cada niño.

Dar lugar a las pausas

Pedir un descanso o terminar la visita antes de completar el corte puede formar parte del proceso. Una primera experiencia dedicada a conocer el lugar también tiene valor.

La flexibilidad debe acompañarse de seguridad: si el niño se mueve y no es posible utilizar las herramientas de forma segura, corresponde detenerse. Terminar el corte puede esperar; atender el malestar del niño merece atención en ese momento.

La fotografía que llegó al Senado de Canadá

La repercusión de la imagen llevó la historia más allá de las redes sociales. El 25 de octubre de 2017, Franz y Fauve fueron recibidos en el Senado de Canadá.

Durante la sesión se destacó el gesto del barbero y se invitó a los presentes a aplaudir a ambos. La escena de una pequeña barbería se había convertido en una oportunidad para hablar públicamente sobre comprensión e inclusión.

Franz, por su parte, había explicado que simplemente intentaba atender bien a sus clientes.

Una lección para acompañar a la infancia

La fotografía de Franz y Wyatt sigue teniendo fuerza porque muestra una respuesta concreta ante una necesidad concreta. Un adulto observó lo que ocurría y estuvo dispuesto a ajustar su manera de trabajar.

Para quienes criamos, educamos o atendemos a niños, esa disposición merece una pausa. Antes de insistir con que una actividad se haga de la forma habitual, podemos preguntarnos qué la está volviendo difícil y qué cambios son posibles.

A veces será anticipar lo que va a pasar. Otras, reducir el ruido, escuchar a la familia o conceder más tiempo. En aquella barbería de Quebec, fue acostarse en el suelo junto a un niño y continuar desde allí.